Un equipo no es una pelea de gallos
No todo conflicto en los equipos es malo. De hecho, la fricción bien manejada suele ser indispensable. Las mejores ideas nacen muchas veces del desacuerdo. La innovación requiere contraste. La creatividad necesita tensión. Pero existe una diferencia importante entre provocar conversaciones difíciles y convertir al equipo en un ring. Hay líderes que — consciente o inconscientemente — obtienen una peligrosa gratificación al ver a miembros de su equipo enfrentarse agresivamente. Alimentan rivalidades, estimulan pugnas y observan el conflicto como si fuera un espectáculo. El problema es que ese liderazgo deja cicatrices: erosiona confianza, modela conductas tóxicas, dificulta la colaboración futura y, en ocasiones, convierte la sucesión en una batalla silenciosa por el favor del líder. En este episodio de Soltar las trabas conversamos sobre una pregunta incómoda pero urgente: ¿Dónde termina la fricción saludable y dónde comienza el liderazgo que lastima? Liderar no es observar la pelea. Liderar es cuidar el nosotros.




